Versos vegetales para un puñado de animales (en el mejor sentido de la palabra)

Hay una biblioteca en el barrio de San Roque que a veces es biblioteca, a veces claro de bosque. Junto al centro de salud, atolón rodeado por un océano de aparcamientos, se levanta casi sin quererlo un edificio gris y azul que igual podría ser un hospital abandonado que el cuartel general de un ministerio secreto. Uno entra hasta el vestíbulo y le dan ganas de pedir un formulario, el que sea, o de hacerse una endoscopia.